Cuando faltan las palabras, empieza la música

4 Dec

Si te vas una temporada a vivir al extranjero siempre hay por lo menos un consejo que todo el mundo se pone de acuerdo en darte: ¡ten cuidado de no juntarte con españoles! No es que teman que nos peguemos unos a otros ningún síndrome de paisanos de charanga y pandereta, creo que es más bien por aquello de no hablar con nadie en español y poder hacer la auténtica e ideal inmersión lingüística; ¡que para eso te vas a la conchinchina!

Pero claro, a toda esta gente se le olvida explicarte cómo deshacerte de la principal persona que te va a estar acechando día y noche con ganas de un poco de palique en castellano. ¡Tú mismo! Sé que puede que mi caso no sea el más representativo, partiendo de que soy de las que hablo hasta con los cereales del desayuno, pero el hecho es que en menos de dos meses he superado con holgura todos mis records de hablar sola.

Resulta que aquí tengo un trecho de casi veinte minutos de casa a la parada del autobús, que de buena mañana es hasta agradable, pero que en el trayecto de vuelta, a las 18.30 (noche cerrada, a cal y canto) y con 0 grados, parece una penitencia. Para colmo el carril está poco transitado por peatones y tiene trozos mal iluminados, vamos, el escenario ideal de una peli americana de terror en la que yo sería la típica rubia que muere la primera. Y a falta de iPhone, iPod, iPad o cacharro alguno que vía auriculares me inyecte sonido a 120 decibelios directo al coco, no me queda otra fuente de ruido que yo misma, que me dedico a divagar en alto en eternos soliloquios para tener continuamente una voz a la que escuchar y no exponerme al pavoroso silencio nocturno del campo.

Esto era así hasta hace una semana, pero se me empezaban a acabar los temas ligeros cuando de pronto me dió un día por ponerme a cantar villancicos embriagada por el espíritu navideño que ya se respira en la ciudad. Primero tarareaba por lo bajinis, escondiendo la boca tras la bufanda, poco a poco le fui cogiendo ritmo y esta tarde misma cantaba ya como si de Pavarotti en la ducha se tratara, un conciertazo de los buenos.

En estos pocos días he amenizado el rato a las piedras del lugar con temas tan diversos como Sufre mamón, Volare, Marinero de luces o Verdemar campamento alto ya. Desde que desarrollo mis dotes de cantante estoy traicionando el principio de “cero español permitido”, pero la verdad es que me lo estoy pasando pipa y el camino cada día se me hace más corto.

Por no hablar del miedo, de ese me río yo ahora armada con los polvos picapica de los Hombres G. Los ciclistas que alguna que otra vez me han adelantado sí que deben de asustarse…

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El título de la entrada se lo he oído decir esta mañana a Fernando Argenta y es un pequeño guiño que quiero hacerle. No, no estoy loca ni de broma, lo he oído en una de sus grabaciones que han puesto en la radio al contar la noticia de su muerte y homenajearle. Despertarme cada mañana con Radio Nacional de España es otro de los caprichos secretos que aquí me concedo. Porque en ninguna otra circunstancia me reconfortaría tanto regresar poco a poco a la vigilia (aunque sean las siete de la mañana) con el murmullo de fondo de unas cuantas voces españolas.

Escucho las noticias en castellano para más tarde poder fingir que las entiendo en alemán. Y hoy he escuchado a este gran e incansable maestro de la ilusión diciendo algo así como que la música es sentimiento y es continua expresión. Que es fantásica porque siempre vamos a tenerla ahí, también cuando se nos acaben las palabras. ¡Qué razón!

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2 Responses to “Cuando faltan las palabras, empieza la música”

  1. Pelayo December 5, 2013 at 2:27 pm #

    El tamborilero se puede cantar en alemán, dice: Ropompompón, rompompón, y asi muchas veces.
    Hay muchos refranes sobre la gente que canta sola:
    “El español cuando canta, su mal espanta”
    ” No creas que porque canto tengo el corazón alegre”
    ” But look how they drink The fish in the river”

    • Nemesia December 5, 2013 at 2:38 pm #

      jajajajaaja no puedo parar de reírme con la última estrofa jajaja. Gracias.
      Probaré con Raphael hoy, hace falta algo potente para resistir los vientos huracanados que asoman a esta parte del mundo…

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