Encima el agua corriente tiene mucha cal

10 Dec

Y de repente se le hizo un nudo en la garganta y ridículamente no supo qué decir, porque sintió que si decía cualquier cosa se echaría a llorar. 

Algo en aquella vanal y en principio positiva conversación sobre la vida, las oportunidades y el futuro había caído como un plomo en su estómago, y a ella nunca le gustó comer piedras. En realidad no sabía en qué momento ni de qué manera habían pasado de hablar sobre lo feas que eran las paredes de la casa de enfrente y lo malo que era fumar a calcular cuánto tiempo tardaría en dominar el idioma, cuántos hijos le gustaría tener y, lo peor de todo, discutir sobre el macabro argumento de un libro de chalados en el que los muertos revivían y querían ir a pescar.

Su esófago empezó a arder, sus pómulos a sonrojarse y los nervios a concentrarse en algún punto entre la bufanda y los leotardos oprimiendo su respiración. Lo paradójico es que lo que el compañero le decía era realmente estupendo y halagador, pero la muchacha nunca había llevado bien eso de escuchar hablar de ella en tercera persona (y odiaba las historias gore). Contemplando desde esta extraña perspectiva su última peripecia vital, lejos de parecerle más racional le pareció más absurda, y empezó a agobiarse.

Que no, que no, que no. Que yo no merezco la admiración de nadie. Que yo no soy ninguna valiente. Que yo tampoco estoy dispuesta a que mis hijos vivan a miles de kilometros de sus abuelos y a cambiar tantas veces al año de huso horario. Que no he venido para quedarme, que no quiero ser corresponsal en Roma ni que tu prima la freelance me dé las claves de nada. Que no soy tan buena como dices y mi historia no tiene ningún misterio. No existe un perfil común que pueda ejemplificarse en mí, pero tampoco soy tailandesa ni un caimán, no tengo nada de exótica.

¿Pero de verdad estamos hablando de mí? ¿Y por qué? No me reconozco. No entiendo. No me gusta.

Tuvo que salir del paso con un “pues parece que hoy ha amanecido un día precioso” para hacer que la sonriente cacatúa se callase y prestase atención al paisaje. Era verdad, desde el cálido interior del Nissan el día era precioso y soleado, aunque aquella avalancha de sonidos foráneos con mensajes contradictorios y sonrisas de compasión ya no le permitiesen apreciarlo.

Permanecieron el resto del trayecto en silencio y al bajarse del coche y sentir el aire frío cortante en la cara no podía dejar de repetir en su cabeza: ¿qué hago yo aqui?

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2 Responses to “Encima el agua corriente tiene mucha cal”

  1. Pelayo December 11, 2013 at 6:38 pm #

    El agua tiene mucha cal, está muy fria y como ya es sabido “la humedad es lo que te mata”, resumiendo…¡vuelve a casa por Navidad!

    • Nemesia December 11, 2013 at 10:33 pm #

      Va a ser eso, ¡como allí no hay casi humedad!… 😉

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