Cosas que te hacen mayor

29 Dec

“Nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos, que se equivoquen,
que crezcan y que un día nos digan adiós”

J. M. Serrat

Últimamente me he dado cuenta con gran sorpresa de que tengo una edad en la que ya conozco muchas personas menores que yo.Y me refiero a personas a las que tratar como iguales, no personitas en proyecto de adultos que algún lejano día llegarán a hacerse responsables de sus propias cagadas, en sentido figurado y literal.

Resulta que va a ser verdad que soy ya bastante mayor -mayor que muchas otras personas del mundo, al menos- pero no me reconozco como tal, y sigo calculando a la gente de mi alrededor siempre “mi edad o más”. Siempre me creo la pequeña del equipo (en la familia, en el trabajo, en cualquier clase…) a la que todavía deben mimar y consentir un poco. Tanto que me comporto como tal, como la novata que se puede permitir meter la gamba, hacer un poco el payaso o manifestar mis dudas, alegrías y sorpresas en alto sin mayor pudor. Todavía soy la que tiene mucho que aprender de los demás, a la que hay que explicarle cómo funcionan las cosas aunque sólo pueda pagar con sonrisas (o algún que otro bizcocho de limón). Hay a quien esto le resulta simpático y a quien no le gusta, como en todo. Los últimos pueden llamarlo síndrome de Peter Pan de por vida, por ejemplo. Kein Problem.

La sombra de Peter Pan

Lo último que me hizo reparar en eso de que me voy haciendo mayor fue intentar conocer gente en el curso de alemán. Busqué inconscientemente (y con poco atino) personas parecidas a mí a las que arrimarme por considerarlas potenciales amistades. No sé qué cara se me quedaría el día que me lancé para proponerle a la china que se sentaba a mi lado ir a tomar algo después de clase y me dijo que no le dejaban. Resulto tener 16 años.  Quise atribuir mi confusión a eso de que con los asiáticos y los negros los occidentales calculamos muy mal la edad (y si no a ver quién me dice cuántos años tiene Morgan Freeman y desde hace cuánto los tiene). Pero no, no se trataba de eso, porque me pasó lo mismo con una jovencita de Honduras que ni siquiera había terminado el instituto y con un chico alemán que balbuceaba al comprobar que me estaba dirigiendo a él. Veredicto: Ridículo y fracaso total en el intento de nuevas relaciones sociales en el país vecino y alarma interior por creerme una teenager y no serlo (por cierto que tras el fail de la china al final me fui yo sola de bares, muy interesante experiencia).

Y reflexionando sobre esto de hacerse mayor y reconocerlo he intentado vislumbrar qué pequeños cambios, más allá del número de velas en la tarta van definiendo irrevocablemente que somos adultos. Esas cosas cotidianas que nos hacen darnos cuenta de que cambiamos y evolucionamos.

Ahora mismo es para mí más significativo que haber terminado la carrera el hecho de poder viajar tres horas seguidas en coche sin tener que pedir una parada urgente porque me hago pis. El llevar control sobre mis propios asuntos monetarios (aunque el dinero todavía no lo gane yo) y enfrentarme sola y sin pedir ayuda a cualquier gestión bancaria. Cosas tan evidentes como ir al dentista y “portarme bien” y no esperar un paquete de cromos o cualquier otro premio por ello o dejar que en los espectáculos de magia saquen como voluntario a alguien más pequeño aunque a mí me haga mucha ilusión. Hacer las maletas con relativo orden y concierto, que no me guste ver la cama deshecha aún sabiendo que cada noche va a volver a deshacerse, y pensar alguna vez al vestirme esto necesitaría un planchado, aunque después no se lo dé nunca.

Creo que el cambio reside en gestos como verme en el deber de ser yo quien recoge la mesa en casa de mi abuela y que sea ella quien se queda sentada. Decirle a mis primos pequeños que algo no está bien, por divertidísimo que parezca, porque ahora sé que realmente no es seguro o sensato. No sé, que me guste ir de compras cuando siempre lo he odiado pero cada día me guste menos rellenar papeles. Darle por Navidad más importancia a los regalos que hago que a los que recibo, echarme Betadine en las heridas y Thrombocid en los moratones, empezar a coger un paraguas cuando veo que llueve mucho y no quejarme si me aburro.

Darme cuenta de que cada vez más a menudo empiezo frases con el enunciado “yo cuando era pequeña…”

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One Response to “Cosas que te hacen mayor”

  1. Julia January 1, 2014 at 7:12 pm #

    ¡Me siento identificada! Y lo de la cama me ha pasado. Jajaja. Aunque no soy tan maniática como tú =P

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