Opción de ser un poco mejores

2 Apr

Hace un par de años escuché a Gervasio Sánchez decir en un curso que el periodismo debe ser siempre indeseable, inoportuno y certero en su impertinencia.

Lo de indeseable e inoportuno más que fácil me pareció casi inevitable cuando a conflictos internacionales (y nacionales) nos referimos. La propia definición de conflicto implica que existen distintas posiciones y que por tanto, siempre se vayan a decir cosas que a alguien no interesen. Lo que me resulta más complicado es eso de ser certero en dónde y cómo te metes, no tanto por cómo puedan verse afectados los protagonistas del embrollo y su imagen pública, sino por cómo pueda el periodista salir parado.

El mismo fotoperiodista que nos daba aquel verano en la Magdalena lecciones de principios, moral, honradez y vocación, aparecía este lunes en El Mundo notablemente afectado por la historia (con afortunado final feliz) del secuestro en Siria de Javier Espinosa y Ricardo García Vilanova. Como representante de las familias de los periodistas le ha tocado por primera vez después de muchos años de reportero formar parte de la guerra siendo uno de los que se queda, de los que reza impotente por un compañero, casi siempre sin noticias y esperando lo peor en cualquier momento. Ha visto ahora desde el otro lado de la barrera el trabajo que él tantas veces ha realizado, y desde dentro de nuestras fronteras resulta mucho más angustioso. “Es la primera vez que me planteo si de verdad merece la pena ir a cubrir un conflicto en el que puedes jugarte tanto”.

Desencantado con el rumbo que parece tomar el periodismo actual, como tantos otros compañeros de quinta en el gremio, es de los que siempre ha defendido que los conflictos hay que cubrirlos cueste lo que cueste. El lunes, sin embargo, decía empezar a tener dudas con la guerra siria, “porque luego trabajamos para medios que no valoran ese trabajo y para una sociedad anestesiada que presta más atención a otras cuestiones”.

Yo no quiero ver cómo los que todos tenemos y hemos tenido como referentes de ese periodismo, del de campo de batalla, y han tenido la “suerte” de sobrevivirlo, se retiran ahora a otras tareas más relajadas asumiendo “el fin del periodismo” y lamentándolo eternamente en entrevistas. Los ojos de la guerra, los que narraron junto a Gervasio y Leguineche la evolución del periodismo bélico durante el pasado siglo, son más que nadie quienes tienen que apoyar ahora a los que tratan de tomar su legado. Porque haberlos, hailos. Personas valientes dispuestas a defender la verdad, que ya se sabe que es la primera víctima en todas las guerras. Personas que intentan no quejarse y parar de masticar unos segundos cuando en el telediario de las tres salen restos de cuerpos mutilados.

“No es agradable leer crónicas de guerra. Tampoco lo es contemplar las imágenes de dolor y muerte. Nos queda la opción de no leer, no ver, no saber. Nos queda la opción de ignorar”, escribía este mismo lunes Enric González. El recurso de la idiotez siempre está ahí. Hay gente que se juega la vida informando sobre las guerras para que la idiotez y la ignorancia sean sólamente una opción, no algo obligatorio”.

Brindo por todos los periodistas aún fascinados con su oficio que perderían el tren a Filadelfia para escribir la crónica del día. Y por los ciudadanos que, aunque sea unos minutos a la semana, renuncian a la idiotez. Porque intentemos conocer más de las historias de los que más sufren (las que algunos héroes consiguen rescatar para nosotros), interesarnos por sus problemas y sus soluciones. Atrevernos a mirarles a la cara y ponerles nombres y apellidos.

No sé, seguramente sea un consuelo hipócrita, pero igual compartiendo una mínima parte de su dolor ellos consiguen que sea menor. Nosotros, desde luego, conseguiremos parecer un poco más humanos.

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One Response to “Opción de ser un poco mejores”

  1. julia April 2, 2014 at 10:11 pm #

    Es triste que estemos tan acostumbrados a ver guerras, catástrofes y tragedias en los medios que ya no nos afecten.
    Estamos como “inmunizados” a ello. Y, sin embargo, hay gente que se juega la vida por poder contárnoslo.

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