Hago chas y aparezco a tu lado

2 Jun

Hace poco hablé con mi prima Maripili (que por supuesto no se llama así, pero es que lo de poner nombres ficticios en un blog en un fingido intento de preservar la intimidad me parece de lo más divertido), el caso, que estuve hablando con mi prima sobre un misterioso hecho del que nunca había llegado a conversar con nadie pero que siempre había llamado mi atención: el momento en el que alguien caminando por la calle se detiene de sopetón para dar media vuelta y retomar la marcha en sentido contrario.

Puede ocurrir sólo o en compañía, pero es la segunda la modalidad más intrigante por la ausencia de alguien al lado con quien exteriorizar la intención de esos 180 grados de baile, anunciándolos en alta voz con los segundos suficientes para que el resto de viandantes no corran riesgo de estamparse contigo (o estamparte un beso) al chocar frente a frente. Yendo acompañado uno tiene mucha más licencia social para hacer cosas raras -dar saltitos, bailar, andar a la pata coja- sin que se le mire mal, cosas que si vemos de un sujeto solitario nos llevan a cambiarnos de acera y darle por loco de remate. Lo mismo ocurre con lo de dar media vuelta en cualquier parte.

Pensadlo, ¿cuándo habéis visto por última vez a una persona ir andando sola –o con animal de compañía no parlante- y sin previo aviso ni redoble de tambores darse la media vuelta y si te he visto no me acuerdo? ¿No os pareció un tanto extraño-intrigante-cómico?

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Es una situación de lo más cotidiana: domingo soleado, corre una ligera brisa, las vistas desde la bahía de Santander (o los cerros de Úbeda o las nubes de Valencia) son maravillosas y decides salir a dar un paseo pero claro, cosa de un ratín, tampoco te quieres tirar todo el día andando. Y decía Maripili con toda la razón que si uno va dando un paseo por el mero placer de pasear, suele fijar de antemano un sitio para dar la vuelta con un mínimo de lógica: llegar al fondo de la calle y cambiar de acera, rodear una estatua, llegar a tocar un muro, al final del paseo marítimo, o sencillamente seguir una ruta circular que va y viene por distintas calles… Pero cuando estas opciones no existen es ciertamente complicado escoger la baldosa o farola idónea para decir “hasta aquí”, parar la marcha, girar y vuelta.

Yo suelo jugar a inventar la historia detrás de cada uno de esos repentinos y aparentemente ilógicos cambios de rumbo, que además suelen hacerse a toda marcha, como con prisa.

Un “¡Ahí va! que acabo de acordarme que tenía que comprar papel higiénico y van a cerrar el súper” a última hora, un “Vaya la que me está dando el resolillo éste en los ojos a ver si para el otro lado veo mejor” cuando la persona en cuestión va como Hanstopo, un “Acabo de pensar que era más corto por esa otra calle” cuando pone cara de encendido de bombilla, y el clásico femenino de día de tormenta “Madre mía a ver si el viento se emperra menos en que haga un Marilyn Monroe yendo para atrás como los cangrejos”.

El socorrido “Bufff mira quién se acerca por allí voy a girarme y hacerme el loco” que todos hemos hecho más de una y dos veces, el abuelilQue mira que se está levantando aire frío y yo sin chaqueta”, elMe duelen los pies” de madre en chándal y algo del estilo “Acabo de pensar que paso de echar hoy la carta que vaya a correos mañana Menganita en coche” que se puede leer en la cara de algunos viandantes.

Ese inconfeso pero común “Iba pensando en mis cosas, he puesto el automático al trabajo y se me ha olvidado que hoy es sábado e iba a la pelu”, un buen “Veo dos perros chungos acercándose voy a anticiparme al jaleo” o, por qué no, sujetos con gesto enfurruñado de “Me aburro, me piro de aquí”.

Son cientos los motivos que pueden hacernos parar y cambiar de rumbo en un imprevisible punto de esta vida, en sentido literal y figurado. Muchas veces un simple “me he perdido, no tengo ni idea de dónde estoy” es el causante del cambio de marcha. Lo más importante de ésto es saber hacerlo con clase.

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6 Responses to “Hago chas y aparezco a tu lado”

  1. Pelayo June 2, 2014 at 12:15 pm #

    Hasta las cadenas y vuelta. ¿Te acuerdas?. je je

    • Nemesia June 2, 2014 at 12:49 pm #

      ¡De eso hablaba con Maripili! jajaja De que cuando sólo era hasta los pinos ya no tenía sentido

  2. Julia June 2, 2014 at 1:26 pm #

    La vuelta se da al llegar a las cadenas.

  3. A. I. M. June 2, 2014 at 2:24 pm #

    A las cadenas? Eso debe ser recurrente en muchos sitios!

    Pero yo reconozco que sí que lo hago, sin cadenas de por medio. Y todavía peor: salir de casa y tirar hacia un lado y acordarse de que ibas hacia el otro y zas 180º y dos metros de paseo hacia atrás y recordar que no, que al final no tenías que ir hacia allá y zas! otros 180º ! Una vez me pasó tantas veces que ví a una señora tan preocupada que decidí sentarme y pensar tranquilamente: “¿por qué he salido a la calle? ¿qué tenía que hacer?”

    A.

    • Nemesia June 3, 2014 at 6:44 am #

      ¡¿Pero a dónde iba yo y por qué no me vuelvo a casa?!

      Debe ser cosa cántabra lo de las cadenas, que las hay al final de algunos paseos marítimos. Pero el caso es que cuando no las hay todos hemos vivido el sentimiento de pérdida jajaja

      Gracias por pasarte! Como siempre 🙂

      • A. I. M. June 3, 2014 at 8:36 am #

        Cántabra y mediterránea! 🙂
        Saludos!

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