Órdago a la entropía

9 Jul

“Allí la suciedad era más profunda, parecía provenir de los objetos mismos.

Cuánta suciedad puede llegar a acumularse, pensó Onofre Bouvila, no sé yo qué pasaría en general si todo el mundo, o casi todo el mundo, no limpiase un poco cada día la parte del planeta que le ha tocado en suerte.

Quizá éste sea en realidad el destino auténtico de la humanidad, quizá Dios puso al hombre en la tierra para que la mantuviera un poco limpia y presentable, quizá por esta razón todo lo demás es solo una quimera“.

La Ciudad de los Prodigios – E. Mendoza

 

El día en que al fin aceptó que necesitaba un puzzle nuevo que montar, todo empezó a encajar mejor. Se dio cuenta de que, como poco, ya había encontrado las cuatro fichas que cuadraban las esquinas, y todo el mundo sabe que ese es un primer paso crucial. Le sorprendió enormemente descubrir que la idea de lo que a grandes rasgos iba a ser el dibujo final resultaba mucho más amable de lo que en un principio imaginó. Si se daba bien la partida aquello podía incluso terminar en algo digno de guardar, aunque fuera en el recuerdo.

Y es que encontrar cubos de rubik con los colores completamente descolocados siempre da miedo. O sino es miedo, sí pereza. Pero el que no llora no mama, y el que quiera peces que se moje el culo. Puedes quedarte a mirar la partida desde fuera y vivir cómodo pero ausente, o puedes redescubrir que una Escoba o un Tres en Raya no están tan mal si se comparten con una buena sobremesa.

Las piezas no siempre están donde tú quieres, ni pinta tu palo favorito ni hay posibilidad de enrroque, pero si te lo curras aún puedes sacar unos tantos a la brisca y una sonrisa pícara al alfil, y que te quiten lo bailao. Si eres hábil jugando a las 7 y media puedes ganar con muy poco, simplemente por la mano.

Y ahí está el reto, en puntuar sabiendo lo que tienes y lo que puedes arriesgar. Decidir que quieres disfrutar de esta partida aunque hoy no sea nochevieja ni este verano el casino de Aranjuez. Aunque no hayas escogido contrincantes ni mesa de apuestas, aunque no tengas ni idea de las normas del Risk y en más de una ocasión hubieras dado todo por un poco de música pachanguera y los coloridos círculos de una alfombra de Twister.

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One Response to “Órdago a la entropía”

Trackbacks/Pingbacks

  1. El día en que me enamoré del skyline | Nemesia sin anestesia - March 28, 2015

    […] cuantos meses después de esto, ha vuelto a ocurrir. Ese inconfundible clac que suena sólo cuando las piezas encajan porque las […]

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