La tormenta perfecta

28 Jul

El verano es un poco como la Navidad con el termómetro invertido. Ambas fechas sabes que vuelven todos los años con sus irrenunciables liturgias, las esperas ansioso desde dos o tres meses antes de su inauguración oficial y, cuando llega el momento del adiós, no puedes evitar decirte años tras año “¿Ya? ¡Pero si esto acababa de empezar! No me he dado ni cuenta…”.

Conoces de sobra todo lo que el verano -como la Navidad- conlleva, y aún así no puedes dejar de sorprenderte año tras año. Los corresponsales territoriales se hartan de hacer sudorosos repotajes bajo el sol del mediodía contando que (oh, sorpresa) en agosto en Sevilla hace calor y (no me lo creo) en enero la nieve corta la circulación en Somosierra. Parecemos absolutos inútiles incapaces de recordar que con hielo hay que conducir con mucha precaución, y que las 15.00 horas de un soleado domingo estival no parece el momento más idóneo para entrenar la maratón.

Muy bien, aplauso.

Sin embargo, si hay algo que tienen estas fechas que no tienen otras, y que en mi opinión es lo único que da sentido al resto de órbita terrestre, es su magia especial. Lo mires por donde lo mires y por muy escéptico que seas, en el fondo sabes que la gente actúa diferente, tú el primero. Y lo mejor de todo es que te encanta que esto ocurra.

Parece que los astros se alíen y una vez pasada la noche de San Juan de pronto haya más casualidades, más accidentes, más sorpresas, más tensión en el ambiente, más aventuras escondidas detrás de cualquier esquina y más (y mejor) improvisación. Como deliciosa consecuencia: más mariposas en el estómago. Llegan las bermudas y los vestidos de vuelo y con ello una mentalidad diferente que hay que consumir a conciencia y sin perder tiempo pues sabes que tiene fecha de caducidad.

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El calor derrite muchas líneas que en marzo fueron de acero y de pronto no es tan grave llegar tarde al trabajo, ni cerrar el chiringuito antes de tiempo, ni que el niño salga por la noche más de lo acordado. No te enfadas tanto al encontrarte una cola en cualquier sitio, que el autobús lleve retraso o mancharte la camisa de café; no parece tan descabellado irse de cervezas con tu jefe y te das cuenta de que invitas y te invitan con mucha más alegría que dos meses antes. Todos -o casi todos- estamos más relajados, más risueños y más amables. Saludamos al portero del que siempre hemos pasado y admiramos el moreno de la dependienta de cualquier tienda. Y ese buenrollismo es el caldo de cultivo perfecto para toca clase de amores y desamores, encuentros y desencuentros y, en definitiva, pasiones de cine.

Como ya sabéis que yo soy muy peliculera (la típica Steven Spielberg capaz de contar la más increíble aventura de lo que a ojos de cualquier otro ha sido un mero incidente sin emoción) pues claro, este rollete veraniego me viene al pelo. Se me altera la sangre, con unos meses de retraso pero con más rumbo que a nadie, y padezco algún tipo de desorden de las endorfinas que me lleva a largos capítulos de andar sintiéndome enormemente feliz, encantada de conocer a todo el mundo que me cruzo  y pensando que todo es maravilloso y que el momento es irrepetible.

Suele ocurrir en estos tiempos raros que hasta el más desafortunado imprevisto desencadena una serie de catastróficas desdichas que acaban consiguiendo que, en contra de todo lógico pronóstico, termine en el escenario ideal en el momento preciso, llegando así al éxtasis de tan perfecta tormenta que no hay fotografía ni relato capaz de inmortalizar.

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He estado meditando sobre ello y he llegado a la conclusión de que el verano, más que una estación, es un estado de ánimo. Uno del que todo el mundo debería aprender a disfrutar, con sol y sin él.

Yo, por lo pronto, me alisto en las filas del verano eterno.

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6 Responses to “La tormenta perfecta”

  1. callmenovember July 28, 2014 at 5:40 pm #

    Un estado de ánimo con todas sus palabras, totalmente de acuerdo. El verano, y todo lo que conlleva, debería de tener su propio club de fans del verano, o una especie de grupo de ayuda para cuando nos falte.

    • Nemesia July 30, 2014 at 9:12 am #

      Club de fans suena mejor que “de ayuda”. Me alegro que compartas opinión 🙂 Se agradece que de vez en cuando alguien aparezca por aquí para decirlo. Un saludo!

  2. Julia July 28, 2014 at 11:05 pm #

    Me encanta el verano y a gente que lo vive con pasión. 😀
    Pero, ¡qué cortito es!

    • Nemesia July 30, 2014 at 9:16 am #

      Anda anda ¡pero si al final estamos veraneando de mayo a septiembre! Claro que los que dependemos del clima en sitios tan inestables y locos… no nos aclaramos

  3. sedecosasquesecuentan June 24, 2015 at 6:51 am #

    Tenias razón, esta es una de las entradas que jamás caducan! ¿Qué tendrá el verano que a todos nos altera? Yo también me alisto en las filas del verano eterno 🙂

  4. sedecosasquesecuentan June 24, 2015 at 6:54 am #

    Tenias razón! Esta es una de esas entradas que nunca caducan. ¿Qué tendrá el verano que a todos nos altera? Aunque creo que sí, que es un estado de ánimo; así que yo también me alisto en las filas del verano eterno!

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