A veces todo es tan normal

8 Jul

De puertas para afuera todo está necesariamente simplificado. Nos encanta la ridícula sencillez de lo superficial y las noticias resumidas en 140 caracteres.  Ya nadie sabe ni entiende – ni le interesan- los pormenores de nada ni nadie.

Algunos tampoco queremos airear nuestros propios pormenores y por si acaso los guardamos con secretismo, como si valieran algo, ahorrándoles a los demás el trabajo de tenerlos en cuenta. Simplificamos nuestra vida a propósito, bien sea por generosidad o por pereza.

Pero aún a los recelosos de la intimidad nos desespera comprobar que se nos ha ido de las manos el margen entre imagen y realidad. Entre persona y personaje. Cuando ya no hay quien haga entender al respetable que de puertas para dentro, tras la foto de portada y los titulares, todo es más complejo. Que el día a día resulta mucho menos sofisticado y nosotros mucho más defectuosos.

Que podemos llegar a estar hartos de los cafés en taza de cartón aunque a priori parezcan cool. Que odiamos, de hecho, casi todo lo que comúnmente esté considerado cool. Que puede que haga tiempo que no pasamos una tarde de sofá y, llámanos aburridos, lo echemos de menos. Que algunos tenemos en ocasiones ganas de vomitar del atracón de nervios y cada vez más a menudo hay horas en que no nos soportamos ni a nosotros mismos.

Somos crueles. Nos creemos mejores que muchos y no entendemos de falsa modestia. No soportamos ser peores que otros muchos y hemos aprendido a fingir hasta el punto de creernos nuestra propia mentira. Sufrimos capítulos cercanos a la esquizofrenia y tenemos poca paciencia con la gente.

Pensamos de más y estamos cansados de preocuparnos por tantas cosas fuera de nuestra mano. Vemos cómo poco a poco vamos traicionando principios que creíamos sagrados y nos sorprende la terrible ausencia de remordimientos.

Se nos vuelve insostenible lo de estar siempre esperando a ver qué narices pasa. Que la incertidumbre está bien en las novelas negras danesas pero no como tónica general en el día a día y mes a mes. Sobre todo cuando “alguien” nunca significa sólo alguien sino “una persona y los intrépidos que le respaldan”. Nunca se lo agradecemos suficiente.

Cada día nos da más vergüenza seguir chupando del bote y ser incapaces de cuidar las relaciones. No sabemos ser siempre los más divertidos, ni los más cariñosos, ni tener las conversaciones más intelectualmente estimulantes. Tampoco queremos. Es más, nos resulta abrumadoramente sencillo ser bichos asociales, dormir hasta las dos del mediodía, dejar de preocuparnos por la deuda griega, no ir a los eventos familiares y comer helado hasta reventar.

A veces no entendemos en qué momento decidimos que merecía la pena complicarse tanto. Entonces nos dan ganas de mandarlo todo al carajo e irnos a la aventura de verdad. Porque todo el mundo sabe ser egoísta.

Tenemos miedo a empezar a tener miedo. Tenemos miles de pormenores a los que no podemos seguir quitando importancia y nos toca parar un momento a recolocarlos, contarle al mundo cómo están las cosas y coger energía para seguir aparentando que todo es tan sencillo y tan normal.

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One Response to “A veces todo es tan normal”

  1. Pelayo July 20, 2015 at 11:10 am #

    yo soy yo… y mis “pormenores”

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