That was it.

15 Mar

Ese silencio. Ese familiar y chirriante silencio confirmando que ya está todo dicho. Los “no es un adiós, es un hasta pronto”, los “buena suerte en la aventura”, los “aquí tienes tu casa” y los indispensables “no cambies nunca”. Tras toda la retahíla de topicazos en busca de facilitar la incómoda liturgia de despedirse, es cuando llega este silencio con su bofetada de realidad.

Una sensación de vacío inunda el ambiente y te recuerda que esto se desvanece y ya no hay marcha atrás. La gente acaba de empezar una nueva vida en la que ya no apareces. Aunque no lo sepan ya están en proceso de olvidarte, igual que tú de olvidarlos a ellos, y tampoco hay que hacer un drama.

Ya es de noche, los demás se han ido a la cama y frente a un cuarto desvalijado y gélido con el que ya no te sientes identificado es cuando te das cuenta que, en efecto, te has quedado solo de nuevo. Sin haber cogido aún ningún avión ya has despegado de la que ha sido por un tiempo tu vida, una vida que ya no volverá a ser. Vuelves a la casilla de salida, aunque sea en un nuevo tablero, y este silencio nocturno te da el ultimatum para despedirte en privado de lo que dejas atrás. A conciencia, sin prisa ni frases hechas.

Es tu último momento para apreciar cómo es todo. Para intentar memorizar cosas banales como el color de los sofás, el tacto de la moqueta o el sabor del té que bebes. Para tirar de anécdotas vinculadas a este “ahora”, rememorarlas, disfrutarlas y aventurarte en la quiniela de qué habrá salvado la memoria selectiva dentro de diez o veinte años.

Sabes que al presente le quedan horas para ser pretérito perfecto y que al futuro y el condicional que llevas conjugando durante meses les queda el mismo tiempo para convertirse en presente y realidad.

Es un momento de sentir nervios en el estómago, desear muy fuerte que todo salga bien y confiar en que, pase lo que pase después, siempre sepamos que ésto ha merecido la pena. Es un sentimiento encontrado, nada parecido a la tristeza. Es una especie de estresante entusiasmo y una melancolía adelantada. Una tímida satisfacción del capítulo cerrado ensombrecida por la cautela de no querer pillarte los dedos al hacerlo.

De nuevo, la emoción casi infantil de hacer las maletas y desmarcarse.

De seguir en ruta por la vida.

De no parar de bailar.

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One Response to “That was it.”

  1. Hernesto el Coho March 16, 2016 at 8:38 pm #

    De seguir en ruta de por mi vida. Que nada te pare!!

    Exquisito texto, as usual.

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