Viva San Fermín

7 Jul
Odio ser una aguafiestas, porque mira que las fiestas me encantan. Cualquiera que me conozca sabe que soy imbatible fanática de romerías, charangas y jolgorios populares en general.

Aún así, aquí llega el pero, no puedo dejar de sentirme fatal cada vez que tomo parte en alguna de estas fiestas disfrutando de lo de “¡vino y música!” y haciendo oídos sordos al resto. Esa parte que no comprendo y que (junto a la Santísima Trinidad) sigue siendo hilo conductor de todo programa festivo-cultural. La de “los matan porque los respetan”, “no te gusta porque no lo entiendes”, “el caballo no se entera” o “esto se lleva haciendo durante siglos”.
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En el año 2016 mantenemos intactas tradiciones centenarias. Y si bien honrar nuestras raíces es digno de orgullo y motivo de unión, el mundo de hoy no tiene nada que ver con el de entonces y tampoco tienen por qué tenerlo nuestras formas de celebrar la vida. No propongo acabar con ningún festejo, pero creo que debemos y podemos adaptarlos. Igual que hubo un momento en que los romanos sintieron que los combates de gladiadores estaban démodé, nuestro grado de civilización podía hacernos ver que no hay por qué seguir maltratando seres vivos por diversión y sin sentido. Que ya es hora de salir de las cavernas.
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Porque eso es lo que hacemos, maltratarlos, y hay ciencia de sobra para conocer que los animales también sufren y no tenemos derecho ni razón para hacerles sufrir gratuitamente. Aún más, regocijarnos en su agonía y hacernos selfies con el rabo de toro que nos ha tocado en la subasta o el pato que hemos conseguido coger a golpes en el agua. Mientras, les enseñamos a nuestros hijos lo divertidísimo que es apalear a una vaquilla o lo valientes que son los jinetes que se meten a caballo entre llamas. Estamos fomentando unos principios de amor por la naturaleza y en contra de la soberbia maravillosos, muy del siglo XXI.
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Seamos sinceros, ya nadie va a San Fermín porque sea nuestro patrón ni porque viva en ningún cielo dándonos bediciones. La gente va a pasarlo bien, generalmente a emborracharse y a ligar. Los encierron son para el 75% de los presentes un mero telón de fondo. Si los quitan, la fiesta sigue y ellos ni se enteran. El colmo del absurdo.
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De verdad que adoro el verano y sus festejos. Pero cada vez me doy más cuenta de que sacan lo más prehistórico y medieval en nosotros y cada vez me hacen sentir más vergüenza al ver cómo actuan mis amigos y enemigos. No quiero tener que estar dividida.
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En caso que alguien quiera sentirse un poco mal (¿qué lunático querría?) y comprobar cómo nos vemos desde fuera, dejo el tráiler del documental Santa Fiesta que acaban de estrenar hoy. Muestra una pincelada del maltrato y humillación que sufren año tras año los animales en las fiestas populares nacionales, con total aprobación e impunidad de parte de ciudadanos y autoridades políticas y eclesiásticas.  Personas que tienen tan arraigadas estas liturgias que ni siquiera se plantean que, digámoslo suavemente, igual están un poco feas y dicen poco de nuestra raza y nuestro presunto sapiens sapiens.
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Dénle una vuelta por favor, no me dejen sola.
Feliz San Fermín.
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